miércoles, 7 de enero de 2009

Comunidad Terapéutica: un sueño alcanzable

¿Cómo entrar en la institucionalidad? ¿Y no morir en el intento?




Durante varios días dieron vuelta en mi cansada mente los distintos posibles temas que podía abordar en mi ENSAYO, a la luz de los aprendizajes que he ido adquiriendo en estos 3 meses de Práctica de Caso. Aparecían temas interesantes relacionados con la solidaridad; la pobreza; la marginalidad social; los dogmas espirituales; la cohesión de los grupos; las Comunidades Terapéuticas; los procesos de Acreditación institucional; la Navidad y su representación social; el uso de la tecnología para la postulación de Proyectos Sociales en el portal Chilecompras; entre otros. En fin, muchas interrogantes y los más diversos sentimientos afloraban cada vez que me sentaba frente al computador tratando de explorar sobre estas múltiples inspiraciones, mientras “navegaba” difusamente por Internet a fin de clarificar mis alborotadas ideas.

La posibilidad de elegir un tema se definió sólo al momento de recibir el correo electrónico de una joven Asistente Social de nombre: Marcela A., integrante de la Iglesia Evangélica “Dios Es Amor” y del Equipo Técnico en gestión que se está organizando. Ella, con profundo pesar, me compartía su malestar en este proceso de acreditación -ante el Servicio de Salud y el CONACE-, trámite legal exigido por la autoridad y pre-requisito para continuar con la labor comunitaria de la Iglesia a fin de favorecer el apoyo a personas con consumo abusivo de drogas, que viven además en contextos de calle.

Con mucha emoción refiriéndose a la Acreditación, Marcela me expresaba locuazmente “estamos como un poco decepcionados del sistema perverso e injusto que privilegia a algunos pocos”. Y prosigue más adelante refiriéndose a la infraestructura requerida “se privilegia lo ‘estructural’ por lo realmente efectivo. Nosotros sabemos que nuestra iglesia es un lugar de rehabilitación - dícese como se quiera comprender el concepto- en donde realmente los jóvenes y sus familias allí cambian sus estilos de vida y comienzan una vida nueva. Y no es que creamos que tenemos la panacea ni la verdad porque Dios está en todas las iglesias, la diferencia es que nuestra iglesia tiene el Ministerio de la Restauración en donde personas con historias pasadas difíciles, son superadas por el mover que se experimenta en este lugar, yo se que quizás suena súper raro hablar de estas cosas, pero es el poder de Dios manifestado en las acciones que se desarrollan tanto en lo cotidiano como en lo espiritual, inclusive en lo coloquial en donde los jóvenes se sienten entre sus pares porque la mayoría de las personas de la iglesia han sufrido problemáticas sociales graves, tanto en drogas - alcohol etc., pero que hoy están totalmente cambiados. Fácilmente, hasta un reo puede llenar su vacío allí, puesto que como digo es un lugar de "Restauración", así como una vez un joven veía en la iglesia un lugar súper amplio y grande, era un lugar abierto, tipo coliseo antiguo, el pastor chiquitito al medio en una especie de púlpito predicando, y cuando miraba alrededor estaba lleno de personas, la mayoría indigentes, drogadictos, alcohólicos, etc. etc., lo más menospreciado de la sociedad, ‘porque de lo menospreciado escogió Dios para avergonzar a los sabios’..... o a los que se creen serlo.... Por tanto, esta es nuestra marca y para eso hemos sido llamados. Y bueno te lo cuento a ti con confianza aunque si me escuchan los sicólogos nos diagnosticarían un cuadro paranoico con alucinaciones, pero así son las cosas, así lo dice la palabra. Nos tildarán de locos.... (…)”.

Durante estos meses de Práctica de Caso, he sido observadora y partícipe de lo se vive y construye en esa Iglesia. De la forma en que acogen a las personas y se les apoya para iniciar un cambio de vida, libres de drogas. He visto como fluye la solidaridad para reunir -día a día- las monedas necesarias para compartir el pan en la mesa. La comunión se hace vida entre los jóvenes que se están “restaurando” cuando se levantan unos tablones y se juntan con clavos para improvisar un rústico camastro, transformándose todo este ritual en un espacio acogedor incomparable, especialmente para quienes vienen de contextos de calle. Quizás es por esto que cuando leí el e-mail de Marcela, sus palabras me estremecieron en lo más profundo de mí ser, y me llenó de impotencia frente al sentimiento de urgencia de dar soluciones prácticas a estos temas sociales. Pero quizás es también por ello, que resulte un tanto paradójico de mi parte, fundamentar en este Ensayo las razones por las cuales se hace necesario y urgente iniciar un proceso efectivo de acreditación como institución colaboradora de la función sanitaria en el ámbito de la Salud Mental…. No obstante comparto ampliamente los dichos respecto de lo perverso que resulta ser el “Sistema”, entendido éste en el sentido más genérico.

Primero que todo, es indispensable entender el marco del concepto de Institucionalidad el cual se refiere al conjunto de organismos públicos y privados, instrumentos legales y financieros, de infraestructura y de articulación interna y externa, que se da la sociedad civil y el Estado para actuar en un determinado ámbito. Esta institucionalidad en Salud Pública, es administrada por organismos del Estado con competencias, recursos y responsabilidades, políticas públicas e instrumentos legales y reglamentarios para un ámbito determinado. La institucionalidad social debe ser considerada entonces como “un todo”: instituciones, calidad de las mismas, modelo de organización, arreglos institucionales, modelo de gestión, impacto social.

En un documento encontrado en la Internet denominado “Institucionalidad social en el marco de las reformas instrumentadas en los ’90”, texto redactado y presentado a la CEPAL por el Equipo del Observatorio Social (Argentina), -organización especializada en Políticas Sociales que promueve la interacción social a distintos niveles, estimulando nuevas formas de pensar, comprender y actuar con criterios de libertad y equidad social-, hace una evaluación aludiendo a que “En la década del noventa también se produce el traspaso de algunas de las funciones que cumplía el sector público al sector privado. Esto ha ocurrido en áreas como la Salud y la Educación. Simultáneamente hay una revalorización de estos ministerios sectoriales. Educación y Salud comienzan a concentrar mayores recursos y a su vez a ser exigidos como instituciones claves en los procesos de reforma. Por otro lado, paralelamente se produce el surgimiento de nuevos ministerios sociales de carácter general o coordinadores, en los distintos países de la región. Además surgen innovaciones institucionales en la mayor parte de la región donde a nivel del poder ejecutivo se crean entidades a cargo de las políticas sociales”.

Este escenario político-social observado en América Latina en la década de los ‘90, crea nuevos paradigmas respecto de la función que debe promover el sector privado. Respaldados estos bajo el principio de subsidiariedad establecido en la Constitución Política de la República de Chile el cual señala que “El Estado reconoce y ampara a los grupos intermedios a través de los cuales se organiza y estructura la sociedad". Esta norma consagra el principio de subsidiariedad, en la cual el estado reconoce la existencia de grupos intermedios. Los grupos intermedios son organizaciones creadas voluntariamente por los hombres, (entre el individuo y el estado) para que cumplan sus fines a través de sus propios medios y recursos para que puedan satisfacer aspiraciones espirituales y materiales. Sociedad y hombres son anteriores al Estado, el cual ampara, protege, ayuda y colabora con los grupos intermedios. El estado les garantiza adecuada autonomía. Asegura o se compromete a respetar su autonomía o capacidad o potestad de gobierno propio, mediante autoridades y normas propias. Pero no se garantiza toda clase de autonomía, sino la adecuada autonomía: legítima, justa, porque también pueden haber autonomías inadecuadas. El estado dicta un marco general del cual los grupos no pueden separarse. Los cuerpos intermedios satisfacen necesidades que no se pueden satisfacer en la familia. Ej.: juntas de vecinos, establecimientos educacionales, parroquias, clubes.

Uno de los organismos llamados a traspasar parte de la función que le corresponde al Estado es el Ministerio de Salud, subvencionando la atención de tratamiento de personas con consumo de drogas a través de los Programas G.E.S. (Garantías Explicitas de Salud). Son los Servicios de Salud de cada comuna, los cuales tienen el rol de regular la actividad de las Comunidades Terapéuticas, a través del Reglamento para los Establecimientos de Rehabilitación de personas dependientes de sustancias psicoactivas, entrada en vigencia con fecha 05 de Febrero de 1996, y el cual señala en su Artículo 1º que “Para los efectos de este reglamento, se entenderá por Establecimiento de Comunidad Terapéutica a una institución que presta servicios para la rehabilitación de personas dependientes de sustancias psicoactivas con un régimen residencial de internación prolongada o en forma ambulatoria.

Su modalidad de trabajo se basa en que dependientes, rehabilitados y expertos compartan múltiples y diversas actividades en que se combinan la reeducación del individuo, la autoayuda y actividades psicosociales con el propósito de conseguir la rehabilitación y reinserción social”.

Esta definición a primera vista resulta práctica y suficientemente funcional para los efectos de implementar una Comunidad Terapéutica, cualquiera que sea. No obstante, la legalidad dista mucho de la realidad, ya que los requisitos técnicos, administrativos, financieros y estructurales que este Reglamento impone a las instituciones en su proceso de Acreditación resultan ser aun más complejos y rígidos de lo que se piensa. Esto lo afirmo como se dice en Derecho: “con conocimiento de causa”, ya que he vivido de muy cerca 2 ó 3 procesos de acreditación en Comunidades Terapéuticas de nuestra ciudad, con presencia y supervisión directa del Servicio de Salud (en vivo). Con la angustia y la esperanza de pasar la “prueba” y lograr el tan anhelado Decreto Exento.

Marcela siente el dolor del prójimo, y es capaz de empatizar con los problemas de las personas más marginadas, sin embargo su humanidad y sus capacidades de resistencia ante las adversidades tienen sus límites naturales. ¿Es posible contener el mundo?, ¿Cuántas veces en la vida hemos vivido el rol de Quijote, haciéndole frente a los molinos de viento? Quizás en el fondo, todos tenemos algo de la forma de ser de Marcela, esa mezcla difusa pero arraigada de lucha, idealismo, pasión y conciencia. Sin embargo hemos tenido que aprender inexorablemente de nuestras propias caídas, de los dolores, las impotencias y las frustraciones… y también obviamente del marco legal que nos regula a todos los chilenos...

Crear una Comunidad Terapéutica no es un proceso fácil. Muy por el contario, existen requisitos mínimos esperados que hay que cumplir si ó si, tales como: la existencia de un registro actualizado y continuo del manejo y evolución de la persona que abusa o es dependiente; el programa de rehabilitación suficientemente flexible para que se adapte a las condiciones de abuso y/o dependencia de la persona que requiere de los servicios del programa, (considerando Tipo de sustancias utilizadas; naturaleza y severidad de los trastornos síquicos y físicos presentados; desajustes psicosociales; Género; Edad; Etnicidad); la existencia de un Sistema de Evaluación constante del programa de rehabilitación, que integre las opiniones del personal del programa en conjunto con la persona dependiente; la existencia de normas específicas para realizar intervenciones de acuerdo a las necesidades de cada persona; la existencia de un Sistema de referencia expedito a Servicios Médicos Especializados y de Urgencia; entre otros.

Por otra parte, las instalaciones en las que se desarrollan las actividades del programa de rehabilitación deberán satisfacer las exigencias de higiene y seguridad para todas las personas sometidas al programa y para el personal que realiza la rehabilitación. Estas instalaciones deberán considerar los siguientes elementos cuando corresponda de acuerdo a si el programa terapéutico es con internación o ambulatorio: Servicios higiénicos; Salas de estar; Depósito de residuos sólidos; Áreas de trabajo grupal; Zonas de estar; Zonas de recepción; Zonas de circulación (pasillos). Además dentro de las instalaciones de una Comunidad Terapéutica que realizan actividades de rehabilitación en un régimen de internado, las personas deberán contar con dormitorios, comedor y dependencias de cocina, además de un espacio privado para guardar sus efectos personales.

Y como si esto fuera poco, Marcela también desconoce que la instalación de todo Establecimiento de Comunidad Terapéutica, deberá hacerse en un local independiente y adecuado. Para su aprobación, el interesado debe presentar al Servicio de Salud una solicitud en la que deberán acompañarse los siguientes datos y antecedentes: Ubicación y nombre del establecimiento; Individualización del representante legal; Instrumentos que acrediten el dominio del inmueble o los derechos a utilizarlo; Objetivos, campos de acción y programa de rehabilitación en base al cual se desarrollará la actividad del establecimiento; Croquis del edificio, que indique la distribución funcional de las dependencias; Copias de los planos o croquis de las instalaciones de electricidad, agua potable, de gas y de seguridad; y Capacidad del programa de rehabilitación para recibir a personas con problemas de consumo de alcohol y otras sustancias psicoactivas.

El camino que tendrá que recorrer Marcela con la Iglesia Dios es Amor en relación al proceso de acreditación e institucionalidad, recién comienza. Habrá que entregar un espacio para el tratamiento que brinde seguridad, salubridad, y acogida son las claves de la atención profesional de calidad. Hablar de calidad respecto a algo supone pertinencia y posibilidad de verificar las características del objeto o entidad a que nos referimos y, luego, comprobación de que reúne o detenta los atributos que le son propios o le son asignados. Si bien, en determinadas situaciones la calidad se revela explícitamente como un elemento claramente perceptible, más a menudo requiere ser develada, indagada o medida por un proceso definido. Ese es el rol que realizará el Servicio de Salud, y se espera que la Iglesia pueda cumplir con las disposiciones legales señaladas.

La pregunta que podría surgir entonces es ¿por qué es importante esta gestión?, ¿Para qué acreditarse?, ¿Por qué esmerarse en este objetivo?, ¿Cuáles son los alcances prácticos de Comunidades Terapéuticas acreditas? ¿Por qué Marcela y toda su comunidad espiritual no deben perder la esperanza en las instituciones?, ¿cómo entrar en la institucionalidad.... y no morir en el intento?

No es capricho la institucionalidad. Esta es tediosa: SI, y quizás existan muchos calificativos más poco agradables para caracterizarla. Sin embargo, esta exigencia está dada por el imperativo de darles a las personas condiciones humanas, justas y dignas. Cuando Marcela me envía su carta que expresa realidades, ella no se imagina el eco que hacen en mí sus palabras…. Y me comprometen aun más como futura profesional del Trabajo Social…. quizás también porque veo en ella la juventud, el idealismo, el compromiso y la actitud de entrega en la FE, aspectos que en algún momento de mi vida me representaron en plenitud. Son quizás sus mejores sueños de cambio de construir un mundo más justo, equitativo y solidario, los que “gatillan” en mí la necesidad de seguir luchando para que algún día los jóvenes de nuestra ciudad tengan la posibilidad de tener un verdadero espacio de rehabilitación: con sólidas camas, buenos colchones, roperos seguros, comida abundante, profesionales especialistas y comprometidos; espacios habilitados adecuadamente para la atención digna de cada usuario y sus familias… Para que nunca falte la comida y el abrigo. Para que nunca falte el espacio para rehabilitación …. Para que nunca falte la esperanza.

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